
Del Olmo ha ordenado, por su parte, que se tome una muestra de ADN a Sánchez-Manzano, para ver si coincide con el perfil anónimo detectado en la mochila de Vallecas. No vamos a entrar por el momento a analizar el objetivo último de este movimiento; por el momento, limitémonos a señalar el despropósito de que se ordene esa prueba tres años después de los hechos. Se ve que Del Olmo y la fiscal (los únicos que han tenido acceso completo al sumario desde el principio, dadas las sucesivas prórrogas del secreto de las actuaciones) no tuvieron tiempo durante los dos años en que estuvieron investigando para averiguar a quién correspondía ese perfil anónimo.
Informa también hoy el periódico El Mundo de que se ha rechazado el último recurso presentado por el comisario Santano contra su procesamiento en el caso de la falsificación de un informe del 11-M (el famoso caso del ácido bórico). Santano se tendrá que sentar, por tanto, en el banquillo junto con otros tres mandos de la Policía Científica. No serán los últimos funcionarios policiales en hacerlo.
Finalmente, una observación sobre el ataque sufrido por las tropas españolas en el Líbano: el Gobierno de España, con tal de no reconocer que ha enviado tropas a una zona de guerra, niega a los seis soldados la cruz con distintivo rojo. Muy ilustrativo de la catadura moral de quienes actualmente nos gobiernan. Y qué diferencia, por cierto, entre el juez Grande-Marlaska, que ha ordenado que no se incineren los cuerpos de los soldados fallecidos hasta que las investigaciones acaben, y el juez Del Olmo, que autorizó, ordenó o consintió la destrucción de tantas pruebas que hubieran podido permitir averiguar lo sucedido el 11-M.
P.D.- Muchas gracias a Fray Josepho por el soneto que leyó el otro día en la cena que siguió a la conferencia organizada por los peones negros malagueños. Y muchas gracias también a éstos y a los peones alicantinos, sevillanos y onubenses, con quienes he podido compartir unos momentos estas últimas semanas. El soneto:
Del olivo, la paz y la esperanza;
del roble, la maciza fortaleza;
del sufrido alcornoque, la dureza,
y del laurel, el triunfo y la pujanza.
De la rugosa encina, la confianza;
del cerezo, el lirismo y la belleza;
del extraño pinsapo, la entereza,
y del almendro, el tino y la templanza.
De la palmera, el sol y la alegría;
del ciprés, la quietud del cementerio;
del abeto, las blancas Navidades.
Del Olmo, la indecente cobardía;
del siniestro Manzano, el gatuperio.
Y Del Pino, el valor y las verdades.
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