
Porque, desde luego, apoyar a Pachi López, el señor que perdió las elecciones vascas, es de imbéciles. Uno vería con agrado que los peperos participaran en el desalojo del poder del partido nacionalista si con su apoyo estuvieran propiciando un cambio sustantivo en beneficio de la sociedad vasca. Este es el mensaje que la propaganda ha lanzado a la pobre gente abducida; y la pobre gente abducida se lo traga que es un gusto, como si la entronización de Pachi López fuese la panacea para todos los males que corrompen a la sociedad vasca. Donde se demuestra el efecto sugestivo que la propaganda ejerce sobre la pobre gente abducida; porque basta repasar la ejecutoria de Pachi López para descubrir que este señor que perdió las elecciones vascas viene a traer más de lo mismo. Claro que si Pachi López ha logrado hacernos creer que es ingeniero industrial por el sencillo método de tunear su currículum, ¿por qué no va a lograr, por efecto sugestivo de la propaganda, que nos creamos que es la panacea de todas las calamidades? Convendría, sin embargo, que los peperos recordaran que Pachi López, el señor que acaba de perder las elecciones vascas, permitió que representantes socialistas mantuvieran «encuentros periódicos» con los batasunos, a la vez que su partido firmaba en Madrid el Pacto por las Libertades, en un doble juego indecente que, desde luego, sólo pueden permitirse quienes actúan liberados de «obligaciones morales». También convendría que recordasen que Pachi López fue el más decidido impulsor del procesito de paz que convirtió a los batasunos en «interlocutores políticos», llegando incluso a compartir mesa con el «hombre de paz» Otegui. Y no creo que haga falta forzar mucho las neuronas para que los peperos recuerden las muchas veces que Pachi López los ha equiparado con los batasunos, por aquello de que «los extremos se tocan»; y las muchas veces que los ha motejado de «antivascos», llegando incluso a acusarlos de «hacer apología de la venganza y de la muerte». Tampoco, en fin, vendría mal que los peperos recordaran la encerrona o aquelarre que Pachi López organizó a Rajoy en el velatorio de Isaías Carrasco, un episodio que por sí solo basta para encumbrarlo a la categoría de campeón de la infamia.
A este señor que perdió las elecciones vascas deben apoyarlo ahora los peperos por «obligación moral», sin esperar nada a cambio. Una vez más, se demuestra que las obligaciones morales de la derecha son las que la izquierda en cada momento le asigna, desde su atalaya de impunidad moral. Y ahora que pintan bastos para la izquierda, la «obligación moral» de la derecha consiste en dejarse dar el abrazo del oso, para que la izquierda la arrastre consigo en su descalabro. Cuidadín, peperos, que os la quieren meter doblada.
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Yo pedía la dimisión de Montilla, la formación en Cataluña de un gobierno sin separatistas y, como me dirían que no, ya tendría el pretexto para dejarlo en la cuneta.
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