miércoles, 18 de marzo de 2009

SALVAR AL SOLDADO OBAMA.-

¡Arriba el periscopio!
Bob the Builder, podemos hacerlo, cava un túnel, sí, sí podemos. Canción del dibujo animado Bob the Builder, verdadero origen del lema de campaña de Obama.
Sarkozy será del grupo de europeos - junto con Brown, Merkel y el malvado euro-escéptico presidente de la república Checa, Klaus - elegidos por Obama en su gira al continente. Ha ofrecido a este visitar Normandía para la ocasión. Qué oportuno. Allí reposan miles de soldados de los ejércitos aliados que murieron defendiendo la civilización. Todavía están ambos presidentes a tiempo de empezar a defenderla.
Se puede llevar al invitado a Pointe d’Hoc, uno de esos acantilados imposibles a los que les tocó encaramarse a unos Rangers americanos en 1944. Para conmemorar su éxito, más bien su valor, corona el sitio un monumento. Allí mismo Ronald Reagan, que heredó una crisis económica peor que la presente en número de desempleados y a la que dio la vuelta aplicando manuales de economía y no de demagogia, pronunció un discurso.
Eran doscientos cincuenta. Después de dos días de batalla, sólo noventa podían combatir.
Cuenta Reagan los primeros compases del día más largo. Cómo, ante cada compañero caído le reemplazaba el siguiente, hasta que fueron alcanzando la cima, y empezaron a recuperar el continente europeo.
Algunos supervivientes están ahí junto a Reagan. Les pregunta qué les llevó a hacer aquello.
Los hombres de Normandía tenían fe en estar haciendo lo correcto, fe en que luchaban por toda la humanidad, fe en que un Dios justo les daría misericordia, en esta cabeza de playa o en la siguiente. Era el profundo conocimiento – y ruego a Dios que no lo hayamos perdido – de que hay una diferencia profunda, moral, entre el uso de la fuerza para liberar y el uso de la fuerza para someter.
Animado por las probables caras de asentimiento de los que habían estado allí cuarenta veranos atrás, Reagan eleva el tono:
Todos sabíais que hay algunas cosas por las que merece la pena morir. Merece la pena morir por la patria, y merece la pena morir por la democracia, porque es la forma de gobierno más honrosa jamás inventada por el hombre. Todos vosotros amabais la libertad, todos vosotros queríais luchar contra la tiranía, y sabíais que vuestros compatriotas os apoyaban.
Sigue:
Los americanos que lucharon aquí esa mañana sabían que los rumores de la invasión se estaban extendiendo entre la noche allá en casa. Pensaban, o sentían en sus corazones aunque no pudieran conocer los hechos, que en Georgia estaban llenando las iglesias a las cuatro de la mañana, que en Kansas estaban arrodillándose en el porche de las casas y rezando, y que en Filadelfia hacían sonar la Campana de la Libertad.
Concluye:
Algo más ayudó a esos hombres en el día D: su firme creencia en que la Providencia desempeñaría su papel en los acontecimientos que se estaban desarrollando. Que Dios era un aliado en esta causa. Así, la noche previa a la invasión, el coronel Wolverton pidió a sus paracaidistas que se arrodillaran con él en oración y les dijo: no agachéis vuestras cabezas sino mirad hacia lo alto, que podáis pedirle a Dios su bendición para lo que estamos a punto de emprender. Esa misma noche el general Matthew Ridgeway, tendido en su catre, escuchaba en la oscuridad la promesa hecha por Dios a Josué: No te fallaré, ni te abandonaré.
Relata entonces los años de la posguerra, de la reconstrucción de Europa, del Plan Marshall y de la tristeza por la pérdida de media Europa. Habla también de las lecciones de la guerra, de la necesidad de los Estados Unidos de estar preparados y resistirse a la tentación aislacionista.
Termina en la renovada alianza que se forja hoy – en el hoy de entonces: 1984 - entre los aliados:
Lo que nos une hoy es lo que nos unía hace cuarenta años, las mismas lealtades, tradiciones y creencias. Estamos unidos por la realidad. La fuerza de los aliados de América es vital para los Estados Unidos, y la garantía de la seguridad americana es esencial a la continuidad de la libertad de las democracias europeas. Estábamos con vosotros entonces, estamos con vosotros ahora. Vuestras esperanzas son nuestras esperanzas y vuestro destino es nuestro destino.
¿Es esto así ahora? Las señales que da Obama no son ni parecidas. Algunos adeptos del multiculturalismo han olvidado que su seguimiento por parte de los Estados Unidos no significaría privilegio alguno de Europa con respecto a cualquier otra zona del mundo, pongamos por caso, Kenia o Indonesia. Entre la comprensión hacia el nuclearizado Irán, la aceptación de la neo-autárquica Rusia en contradicción con los intereses de la frontera Este de la OTAN y la reducción de gasto en Afganistán e Irak, sobreabundan los síntomas del abandono de Europa a sí misma.
Primero fue la retirada del busto de Churchill del despacho oval. No para llevarlo a otro lugar honroso del complejo presidencial o para permitir que lo apreciaran los americanos en un museo. Para devolverlo al Reino Unido.
Luego tuvo lugar la visita del primer ministro británico Gordon Brown a Washington. Junto con regalos tradicionales, valiosos y significativos, el Reino Unido le ofreció al presidente americano la biografía de Churchill de Martin Gilbert. En reciprocidad, Obama obsequió a Brown con un pack de 25 clásicos del cine americano. Mark Steyn, sólo medio en broma, ha dicho que era porque se habían quedado sin regalos con el lema: Mi delegación visitó Washington DC y lo único que traje de vuelta fue esta camiseta asquerosa.
Más allá de la anécdota está la posición de Sarkozy. Revocando una decisión de su correligionario de Gaulle en 1966, reintegra la estructura militar de la OTAN, porque, podría decir, parafraseando a Reagan: Nuestras esperanzas son vuestras esperanzas y nuestro destino es vuestro destino.
El cambio significa también que hay al menos un político europeo que no tiene muchas ganas que le devuelvan el rosario de su madre, o el busto de su político, sino que quiere contar con los americanos y que los americanos cuenten con él, no por una dogmática convicción occidentalista - que diría el progre -, sino por pragmatismo y mera necesidad.
Hay que salvar al soldado Obama de una legítima tentación, la del abandono de los europeos a su suerte, que aunque quizá nos hiciera asumir nuestras propias obligaciones, puede llegar en momento poco adecuado.
Han preguntado a Henry Kissinger por el gobierno de Obama. El veterano ex secretario de Estado, siempre sofisticado e ingenioso a pesar de la edad o a causa de ella, ha afirmado: no suelo hacer comentarios antes de que los gobiernos hayan tenido el tiempo de asentarse, y de darse cuenta que los esquemas abstractos que traían como teorías no siempre coinciden con la realidad.
Con menos sutileza podría decirse que las amenazas a Occidente no se resuelven cambiando el busto de Churchill por la tonadilla de Bob the Builder. Menos mal que había que dejar las niñerías atrás. ¿Qué hacemos Bob, reforzamos la Alianza o el marketing?
Bob the Builder/Can we fix it? /Bob the Builder/Yes, we can!
Juan F. Carmona Choussat es Licenciado y Doctor en Derecho cum laude por la UCM, Diplomado en Derecho comunitario por el CEU-San Pablo, Administrador civil del Estado, y correspondiente de la Real Academia de Jurisprudencia y Legislación. Su libro más reciente es "Constituciones: interpretación histórica y sentimiento constitucional", Thomson-Civitas, 2005.

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