domingo, 10 de junio de 2007

BONO "EL CRISTIANO".-

A BONO SE LE OLVIDÓ QUE ROUCO FUE A SU TOMA DE POSESIÓN COMO MINISTRO.
Bono y Zerolo, Zerolo y Bono, se han convertido en la pareja de hecho mediática de la nueva izquierda de San Carlos Borromeo al contraer solemne compromiso público con la religión de la demagogia. El señor Bono, intérprete acreditado del Evangelio y de las ideas de Jesús, no recuerda cuando el cardenal Rouco, arzobispo de Madrid, fue a su toma de posesión como ministro de Defensa del Gobierno socialista. Se le ha olvidado, ¿por qué será?

El señor Bono, acreditado biblista especializado en rollos del pasado muerto, que propugna aquello de que "Cristo a los únicos que echó de la Iglesia fue a los que convirtieron el templo en una casa de comercio y de negocio, pero que aquí estaría a gusto, porque estaría con los suyos", no ha pensado que Roma no paga a traidores y que por más que el oportunismo de una política para el pueblo pero sin el pueblo le condujo a la fiesta de la tortilla de la ex parroquia de San Carlos Borromeo, no todo vale para volver a aparecer en las páginas de los periódicos y recordar a Zapatero que Bono, el señor Bono, existe y se manifiesta.
El señor Bono ha tenido una revelación privada: recibió del oráculo de Pablo Iglesias la palabra profética y, con la misma, se fue al barrio de Entrevías, lugar de la nueva Iglesia de los pobres sin los pobres, porque a este paso sólo van a quedar allí los medios de comunicación. El que fuera presidente de Castilla y La Mancha representa a la perfección una concepción del cristiano y de lo cristiano en la que se mezclan las fantasías de la izquierda tradicional con el anticlericalismo de no pocos libertadores, amén de una teología de andar por casa que se sostiene en una interpretación de lo que Cristo dijo, hizo, quiso decir, le dejaron hacer y ahora haría que confunde los deseos con la realidad. No estaría de más que el señor Bono dejara a Dios ser Dios, a Cristo ser Cristo y a la Iglesia ser Iglesia. La idea de que el señor Bono dé lecciones de exégesis bíblica al mismísimo arzobispo de Madrid, y a todos y cada uno de los cristianos, parece como poco un poco pretenciosa.
Para la izquierda española más recalcitrante, la liturgia de la Iglesia ha sido siempre una especie de espectáculo popular en el que lo principal era la toma de conciencia de clase, de una clase que utilizaba a la Iglesia para fines ajenos a su naturaleza. A los progresistas de cesto de mimbre les importa poco el sentir con la Iglesia, el ex opere operato, el operantis, el sacramento y lo sacramentado. Lo que les mola es la comunión solidaria con los pobres del mundo unidos para desunir a la humanidad. A la izquierda de foto en el primer banco de la Iglesia y de foto comulgando, la misa le suena a celebración en la casa del pueblo con orquesta y baile incluido.
El respeto, no sólo por lo sagrado, sino por la naturaleza de las cosas sagradas, ha pasado a los anaqueles de la historia ante unas celebraciones en las que lo relevante es que todos estén representados, incluido Dios, que también merece su cuota de presencia. Para la izquierda del oportunismo social, la de las causas perdidas, la de la dialéctica contra la jerarquía opresora, la comunión cristiana con las sagradas especies es una forma de reivindicación, de lucha contra el sistema y contra las especies sin levadura, sin fermento en la revolución.
El señor Bono, que se supone es hombre de orden, de gobierno y de autoridad, o ha entendido muy poco de los que se ha cocido y se cuece en el caso de los ocupas eclesiales de San Carlos Borromeo o es un oportunista de tomo y lomo. El cardenal Cañizares, que conoce como nadie la tela de ese percal, ha tenido que aclarar que la misa en escena de Entrevías le parece poco de Iglesia y mucho de otras cosas. Y con la prudencia que le caracteriza, ha preferido no comentar las declaraciones del señor Bono y, quizá, guardar lo que piensa en su corazón.
Si el señor Bono quiere hacer campaña electoral a costa de la desobediencia eclesial, lo que tendría que pensar es que una comunión que excomulgue no puede salir rentable electoralmente. O, quizá, pudiera dedicar unos minutos a meditar lo que el Papa Celestino VI, de Giovanni Papini, escribió a los políticos: "Sois, con frecuencia, excelentes actores y prestidigitadores. Sabéis esconder las manchas de sangre bajo la púrpura, las garras bajo los gantes forrados, la pezuña del sátiro bajo las botas del matamoros, el pelo del zorro bajo el uniforme militar. Pero os falta, desgraciadamente, una de las más altas facultades del hombre: la imaginación."
José Francisco Serrano.

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