
Lo único realmente nuevo en el paquete de medidas anunciadas ayer fue su apoyo incondicional a los parados. Pero eso suena a anestesia, no a cura del mal. Ahora que ya no puede negar la existencia de la crisis, nos la vende como una crisis sin dolor, incluso para quienes más la sufren. Una crisis que, en realidad, no es crisis, sino inconveniencia localizada y pasajera. En fin, lo de siempre. Bien está que se ocupe de los parados, es su deber, ¿no? Pero lo que más debería preocuparle es que no haya cada vez más parados, como viene ocurriendo, sin que todo lo que ha hecho haya surtido efecto, ni lo que ahora nos ofrece tenga pinta de ser más efectivo. De lo que tiene pinta es de pan para hoy y hambre para mañana. No hace falta ser un experto en economía, basta tener sentido común para darse cuenta de que ese dinero que va a repartir a voleo estaría mucho mejor empleado si se destinase a pagar los 33.000 millones de euros que las distintas administraciones deben a las pequeñas y medianas empresas. Al menos salvaría bastantes de ellas, con sus puestos de trabajo.
Zapatero perdió los cuatro primeros años de su mandato persiguiendo su agenda política -negociación con ETA, nuevos estatutos-, sin preocuparse para nada de la economía. En los primeros meses del segundo, ha perdido todo el capital del Estado. Ahora nos pide que le apoyemos, sin reconocer que se había equivocado. Es decir, que nos hagamos cómplices de sus errores. Y eso, no. Podemos
ser tontos, pero no tanto. ¿O sí?
JOSÉ MARÍA CARRASCAL.
No hay comentarios:
Publicar un comentario